¡Atención! ¿Cómo saber si estás limitando la calidad de vida de tus padres sin quererlo?

¿Por qué envejecer es tan complicado?, ¿por qué a algunos se les dificulta tanto tratar con adultos mayores? Muchas veces lo que nos limita y nos complica la vida no son nuestros familiares ancianos, sino más bien nuestros propios prejuicios e ideas preconcebidas sobre los problemas “de abuelos”. Estos son algunos de los mitos sobre la vejez (¡y equivocados!) que están complicando la relación con tu familiar mayor. ¡Es hora de sacarlos del juego!

En la casa de los Rodríguez, la última semana de junio siempre trae aires de fiesta. Cecilia lleva diez años consecutivos preparando una comida especial para celebrar tanto el día del padre como el cumpleaños de su esposo, Adrián, y su hijo mayor, Enrique, ambos nacidos el 28 de junio. Desde que Cecilia tiene memoria, esta curiosa coincidencia no sólo ha sido fuente inagotable de anécdotas chuscas, sino también el pretexto perfecto para reunir a toda la familia.

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Al tener un familiar mayor, solemos formarnos creencias limitantes acerca de sus capacidades

Sin embargo, este año, las cosas van a cambiar un poco. 

Desde que Felipe, papá de Adrián, se rompió la cadera en un accidente en las escaleras, las dinámicas en el hogar de los Rodríguez han tenido que ajustarse a las necesidades más inmediatas del familiar en reposo. Aunque nadie lo admite abiertamente, me doy cuenta de que, después de seis meses de cuidados, todos están cansados, tensos y un poco hartos, incluso la siempre alegre Cecilia. 

“Oscar, no sé que voy a hacer para lo de la comida del domingo”, me confiesa el miércoles previo, apenas pongo un pie en su casa, “¿me puedes hacer una lista de todas las cosas que mi suegro no puede comer?”. La petición de Cecilia me agarra en curva.

“Ah caray, ¿las cosas que no puede comer?, ¿acaso Felipe ha tenido problemas de digestión en los últimos días?”, le pregunto extrañado.

“No, para nada. Pero imagino que por su edad y actual condición, hay cosas que es mejor evitar. ¡Imagínate si hago una salsa pasilla super picosa! Seguro acabo mandándolo al hospital”, me responde Cecilia, entre preocupada y resignada. 

“¿Qué suele prepararle para comer entre semana?”, insisto, “¿por qué no hace eso mismo para el domingo?”. La señora de la casa me mira con algo cercano al horror. 

“¡No puedo servir simples pechugas al vapor y arroz blanco! Se supone que es una comida de festejo”, me reclama, “por eso te pido la lista. Si me dices todo lo que no puede comer, seguro que me las ingeniaré” 

Mientras la miro con cara de pato, sin saber exactamente qué responder (Felipe no tiene ninguna restricción alimentaria y, hasta donde yo sé, adora las salsas picantes), se me ocurre que el dilema de Cecilia tiene que ver más bien con una suposición suya, probablemente causada por los meses de constante cuidado de su suegro, más que con un riesgo real. 

La breve conversación me dejó pensando. Una cosa estaba clarísima: la convalecencia del abuelo de la casa había empezado a afectar no sólo la cotidianeidad de los Rodríguez, sino también la calidad de vida del propio Felipe; después de todo, ¡llevaba meses comiendo lo mismo! Ahora entendía por qué desde hace ya varias semanas el hombre estaba cada vez más retraído e impaciente por salir del reposo absoluto. 

Al reflexionarlo un poco más, caí en cuenta que las historias que escuchamos sobre los adultos mayores, esos mitos sobre la vejez que abundan en nuestro imaginario cultural y colectivo latinoamericano, definen por completo la manera en la que los tratamos. Lo que es peor: la mayoría de estos mitos, al no ser más que verdades a medias, terminan por afectar la calidad de vida de nuestros padres y abuelos dependientes pues nos predisponen a adoptar algunas actitudes poco favorecedoras. 

Las siguientes son algunas de las “historias” que más abundan.

“Cuidar a un adulto mayor es igual de agotador que hacerse cargo de un niño pequeño”

Aunque ninguno de los dos tipos de cuidado es fácil, creer que cuidar de un bebé y de un abuelo es lo mismo no es del todo exacto. Mientras que un niño depende 100% de ti, la dependencia de un adulto mayor a su cuidador no es absoluta (a menos que éste padezca alguna enfermedad crónico degenerativa severa, como Alzheimer, Parkinson o demencia senil). 

Al equiparar el cuidado de un abuelo dependiente al de un niño, nos predisponemos como cuidadores a que la tarea nos resulte difícil y demandante. Y esta, sin duda, no es la mejor mentalidad a adoptar, así que no podemos dejar que estos mitos sobre la vejez nos nuble la cabeza. 

“Las personas mayores ya no pueden aprender, por lo cual se aburren muy rápido”

Este es uno de los mitos sobre la vejez que más daño hacen. No, los adultos mayores son perfectamente capaces de aprender cosas nuevas. De hecho, los seres humanos nos caracterizamos por nuestra facilidad para aprender sin importar el momento de la vida en el que nos encontremos. Aunque por razones neurológicas los niños y los jóvenes son más propensos a retener todo tipo de información, los adultos mayores que llevaron una vida intelectualmente activa llegarán a la vejez con una buena memoria. ¡Que no te cuenten lo contrario!

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Los adultos mayores son perfectamente capaces de aprender

“Todos los abuelos tienen algún problema de salud”

De nuevo, no necesariamente. Como solemos asociar la vejez con decaimiento y pérdida del vigor físico, muchas personas concluyen que esto es señal de un severo daño a la salud. Así, se afirma sin fundamentos reales que el adulto mayor promedio necesariamente sufre de problemas de salud, aunque estos sean mínimos y apenas perceptibles.

Sin embargo, la realidad es que la pérdida del vigor físico en la vejez es completamente normal, y es lo que da origen a estos mitos sobre la vejez. Se trata de un proceso que todos los seres vivos padeceremos en algún momento, y ello no implica una disminución en nuestra dignidad y valor como personas, o una pérdida de nuestra capacidad para relacionarnos con los otros, al contrario. 

En resumen: a menos que un médico de confianza lo indique, los adultos mayores son perfectamente capaces de participar en las actividades cotidianas que su familia desarrolla. Pueden colaborar en las labores del hogar, comer los mismos guisos, pasear con los niños y realizar un sinfín de actividades más. 

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Los adultos mayores pueden colaborar en las labores del hogar, y otras actividades

“Es imposible cuidar de un adulto mayor sin ayuda profesional”

Contratar a un cuidador profesional es una decisión que dependerá de varias circunstancias. En primer lugar, si tu familiar mayor padece de alguna condición que requiera de atención especializada (de nuevo, el Alzheimer es una de las enfermedades que encabeza mi lista), contar con los servicios de un enfermero podría ser una buena opción. Evidentemente, tendrás que considerar tus rutinas diarias (¿trabajas 100 horas a la semana o sales frecuentemente de la ciudad?), tu presupuesto y el tamaño de tu red de apoyo inmediata (no es lo mismo cinco hermanos cuidando a su madre mayor que delegar todo el cuidado en una sola persona).

Si por alguna circunstancia te es imposible contratar ayuda externa, debes saber que es perfectamente posible realizar las labores de cuidado sin esta, incluso cuando tu familiar padece alguna enfermedad que requiera atenciones particulares. En este caso necesitarás de una buena organización y el equipo adecuado, cómo la grúa para pacientes de Abuelo Cómodo. 

“El trato con adultos mayores es difícil. Nada les parece, nunca”

El carácter no comienza a “afearse” una vez que cumplimos 70 años. Entonces, ¿qué nos hace pensar lo contrario? Simple: las emociones (y juicios subsecuentes) de los cuidadores.

Si una persona que no está preparada para realizar labores de cuidado se ve de pronto obligada a hacerse cargo de un adulto mayor, la convivencia se inicia con el pie equivocado. El adulto mayor dependiente percibe que su falta de movilidad representa una carga para el familiar responsable de cuidarlo, lo cual le hace sentir culpable al percibirse como una carga más. Esta mezcla de emociones negativas son caldo de cultivo a respuestas impulsivas que solo terminan dañando la relación entre el cuidador y su paciente.

¿La mejor solución? Conversar con calma y establecer acuerdos. Si no te sientes preparado para afrontar las labores de cuidado inminentes, explicaselo a tu familiar y hazle saber que, a pesar de todo, harás tu mejor esfuerzo. Normaliza el pedirle que te tenga paciencia y asegúrate de mantener los canales de comunicación abiertos. Así evitarás cualquier potencial malentendido. 

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El diálogo y el establecimiento de acuerdos son clave

¿Te identificas con alguno de los mitos sobre la vejez anteriores? Si es así, te invito a cambiar poco a poco tu chip tal y como lo hizo Cecilia, quien, me alegra reportar, preparó enchiladas suizas para la comida del día del padre. 

Ahora que eres un genio en desvelar mitos sobre la vejez, te invitamos a descubrir lo que necesitas saber para ser un mejor cuidador.

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¿Qué otras historias limitantes sobre la vejez conoces?, ¿recuerdas haber recurrido a alguna de ellas? ¡Cuéntanos en la sección de comentarios!

Escrito porNara Lopez

1 comentario en “¡Atención! ¿Cómo saber si estás limitando la calidad de vida de tus padres sin quererlo?”

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